Las concejalas no adscritas llevan meses instaladas en una posición muy cómoda: alertar de todo, criticar todo y responsabilizar a otros de todo, pero sin asumir nunca ninguna responsabilidad real ni utilizar los votos que tienen para cambiar nada.
Araceli Dorado y Olga García actúan como un oráculo político que siempre “descubre” los problemas cuando ya son evidentes para todo el mundo, señalando el resultado de la quiniela el día después del partido. Pero mientras tanto sostienen con sus votos al PSOE en el Ayuntamiento y permiten exactamente aquello que luego denuncian públicamente.
Critican procesos de selección de personal que ellas mismas consienten. Reconocen que el Ayuntamiento no funciona bien, pero rechazan participar activamente en mejorarlo. Se quejan de la falta de aplicación de la Ley de Bienestar Animal cuando podían haber exigido medidas concretas al gobierno municipal del que dependen las mayorías. Critican la gestión del autobús, pero también critican a quienes se manifiestan contra esa gestión, mientras siguen apoyando a quienes la realizan. Exigen transparencia sobre La Covatilla, pero cuando no reciben datos reales y contrastables guardan silencio...
La pregunta es sencilla: ¿qué aportan realmente las dos concejalas no adscritas a Béjar más allá de titulares, críticas y declaraciones? Porque influir implica decidir, y decidir también implica asumir responsabilidades.
Dejar pasar los años en una estrategia electoral constante es desleal, no con el PSOE, sino con la ciudad de Béjar, que tanto dicen defender pero por la que no hacen nada más que análisis huecos a golpe de red social.
La elección es clara: o se exige desde la oposición cuando el gobierno depende de ti, o se participa en el gobierno para construir entre todos. Quedarse en el camino de en medio es oportunismo y, avisadas están, no será premiado en las urnas, ni con sus nombres ni apoyadas con siglas regionalistas.
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