Miguel Rodero / “Siete años después, ya hay una provincia que puede decir que se ha recuperado de la crisis”… estupideces como esta podemos leer hoy en diferentes periódicos a raíz de conocer los últimos datos ofrecidos por la Encuesta de Población Activa (EPA) publicada este jueves y que sitúan a la provincia de Salamanca un desempleo del 15,78%, cuando hace siete años era del 16,63%.
La verdadera realidad es que la provincia contabiliza, según los propios datos que aporta el sistema, 24.900 parados (tres mil más que en el trimestre anterior) y 132.700 salmantinos ocupados (cinco mil menos que en el trimestre anterior), y no solo eso, sino que 8.300 familias salmantinas tienen en el paro a todos sus miembros en edad laboral (novecientas más que el trimestre anterior).
Nuestra felicidad no se puede sustentar en la comparación de porcentajes justificando que “Salamanca esta en la senda de la plena recuperación”, como ha dicho algún imbécil hoy en prensa, alegando que las cifras arrojen que nuestro 15,78% es un mejor dato que el 20,90% registrado a nivel nacional, cuando omiten que nuestra provincia se está convirtiendo en una constante simbiosis entre empleo y precariedad, y que empleo no es sinónimo de tener las necesidades básicas cubiertas en una ciudad donde sectores como la hostelería abusa de contratos de 20 o incluso 10 horas semanales para sus empleados.
La tan ansiada recuperación tampoco se ve en los datos aportados desde los diferentes organismos, quienes en muchos casos queriendo encubrir la insostenible, o ponerse medallas, situación evidencian la dura realidad.
En definitiva: Seguir creyendo en porcentajes huecos y nos olvidaremos de los rostros de la necesidad, que no son solo los 24.900 desempleados que se registran en nuestra provincia, sino miles más que trabajan en la precariedad o que sus ingresos no son suficientes para pagar las diferentes circunstancias abusivas que te genera un sistema fagocitador como el que tenemos.
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