La petición ha sido firmada por el cardenal Peter Turkson, prefecto de la Congregación para el Servicio de Desarrollo Humano Integral, y llega durante el Día Internacional contra el uso indebido y el tráfico ilícito de drogas. En realidad, el mensaje se extiende a todos los tipos de adicción.
El mensaje señala que el consumo de heroína es muy alto, sobre todo el de la cocaína, y subraya que el uso de cannabis sigue siendo el más popular, en parte debido a un “debate internacional” que suele descuidar el juicio ético sobre la sustancia.También habla de la adicción al juego, un “flagelo generalizado que diversifica aún más las dependencias“. La incidencia del juego problemático en España se mantiene en el 0,3% entre los ciudadanos entre los 18 y 75 años, lo que en números absolutos significa menos de 100.000 personas, como se desprende por los datos publicados en tragaperrasweb.
Según el cardenal “no hay juego legalizado con fines positivos, porque incluso cuando se hace para desenmascarar la gestión criminal, aumenta el número de jugadores patológicos”: Incluso “los impuestos cobrados por el estado deben considerarse éticamente incompatibles y contradictorios en referencia a la prevención“.
El cardenal Turkson señala que las dependencias son diversificadas, pero sobre todo hay “complicidad indirecta contra el fenómeno que ayuda a desviar la atención por parte del público y del gobierno“. Entonces “las soluciones de emergencia prevalecen sobre una cultura seria de la prevención“.
El cura apunta a los países en los que “la oferta que por décadas ha supervisado el progreso de las adicciones ha sido, en muchos casos, considerada como un problema marginal”. Y de hecho, hay “lagunas en la planificación, en las políticas y en las perspectivas que tienen un paso cansado e inadecuado frente a un mercado de la droga muy competitivo“. “Las estrategias especializadas en la reducción de daños” no son suficientes y la droga no puede ser considerada como “fenómeno de colusión con los problemas sociales y la desviación“. Más bien es importante pensar en “programas terapéuticos personalizados”.
El riesgo es pensar solamente en el tratamiento de la epidemia, que se configura como “una estrategia de control social y profilaxis higiénica que causan de manera más estéril y menos visible la muerte psicológica y social del adicto, bastante diversa respecto a la muerte física“.
El cardenal Turkson afirma que “considerar las personas como irrecuperables es un acto de rendición” y agrega que es necesario pensar en “buenas prácticas que se refieran a la prevención como actitud de promoción de la salud en el más amplio sentido de la palabra”.
La acción preventiva debe comenzar en las familias y en las instituciones educativas para crear redes capaces de reactivar las sinapsis sociales educativas y superar las competiciones innecesarias y los atisbos de irresponsabilidad. Los jóvenes no deben ser dejados solos. Para alejarlos de las adicciones sirven amor y que los adultos sean capaces de enseñarles la importancia de cuidar de sí mismos, concluye el cardenal.
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