Más allá de los destinos que uno haya decidido incluir en su viaje por Europa, Barcelona y París casi siempre estarán entre ellos, y lo habitual es que los turistas vayan de una ciudad a la otra, sopesando en algún momento las opciones de desplazamiento con las que cuentan.
Nosotros creemos que no sólo los sitios específicos son importantes sino también el trayecto que une dos puntos turísticos como éstos, y por eso estamos seguros de que la mejor forma de ir de Barcelona a París, es hacerlo a bordo de un tren, descartando el avión.
Lo que ocurre es que, de este modo, no sólo vamos a estar ahorrando dinero, sino que aprovecharemos nuestro recorrido para conocer otros lugares que no suelen incluirse en la agenda. El tren nos invitará a descubrir paisajes fascinantes que harán de este viaje un muy entretenido.
Por ejemplo, uno de los primeros atractivos con los que te encontrarás gracias al tren de Barcelona a París tiene que ver directamente con el Túnel de Pertús, de más de ocho kilómetros de longitud, y que es el que separa ambos países en última instancia La comarca de la Selva y los Pirineos de Girona de alguna manera nos anticipan la llegada de este túnel, pasando por debajo de esta cadena.
Una vez en territorio francés, muchos podrían pensar que las referencias a Cataluña y España se han terminado, pero no es así, ya que aparece la montaña sagrada Canigó, denominada antes Canigou, hasta que el gobierno galo decidió cambiar su nombre.
Cada 22 de junio, residentes ciudades y pueblos del departamento de Pirineos Orientales, Cataluña, la Comunidad Valenciana y Baleares, se congregan en el lugar para subir a la cima y encender una hoguera, cuya llama se vigila la noche entera, regresando con ella al día siguiente, dando paso a las hogueras de la noche de San Juan. Si viajas en esa fecha, hacer noche allí no es mala idea.
Al dejar atrás los Pirineos, te recomendamos que prepares tu móvil o cámara de fotos, ya que es el momento de los Étangs, lagunas gracias a las cuales el agua ocupa ambos márgenes del camino, entre Narbona y hasta que pasemos Montpellier. El Étang de Thau es el más famoso y el más grande de la región, y si duermes en Agde, Marseillan o Séte podrás realizar actividades a su alrededor.
La Catedral de Béziers es el siguiente paraje, uno pensado para los amantes de las estructuras religiosas y culturales, que surge ante los ojos al detenerse el tren en el departamento de Hérault. Saint-Nazaire y la catedral que lleva su nombre están catalogados como uno de los monumentos góticos más importantes de Francia.
Y por último tenemos los pastos de vacas de la Borgoña, visibles desde las propias ventanas de este medio de transporte una vez que pasamos por Valence. Desde allí los paisajes con grandes llanuras y pasto se hacen constantes, y casi siempre hay también vacas de la región de borgoña, sobresaliendo la raza charolesa, llamadas así por la ciudad de Charolles, de donde proceden.
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