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El acoso escolar ya no es sólo físico, sino también digital

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Hace ya muchos años, incluso décadas, que somos conscientes acerca de las dificultades por las que pasan algunos niños y jóvenes durante sus años de estudio, a raíz de las molestias que les provocan sus propios compañeros. Una serie de conductas que se definen bajo el concepto de acoso escolar.

El caso es que, con la pandemia por coronavirus y el confinamiento en las casas, que llevó a aplicar modalidades de enseñanza online, muchos esperaban que estos hábitos tan nocivos se detuvieran. Atendiendo a las primeras investigaciones al respecto, ya podríamos afirmar que no ha sido así: lamentablemente, las situaciones de acoso infantil se repiten, incluso pantalla de por medio.

Recientes estudios explican, en este sentido, que las agresiones grupales contra una sola víctima, dentro del ámbito educativo, así sea en Internet, han aumentado a lo largo de 2020 y 2021. Hablamos de un incremento de casi el 30% de los acosos escolares, ahora online.

El ciberbullying, como también se conoce a esta práctica, se ve facilitado por las redes sociales, además de plataformas, en las que los niños y jóvenes participan más allá de recomendaciones. WhatsApp, Instagram, TikTok y hasta los juegos en línea dan lugar a esas persecuciones.

Y es que aunque los padres sabemos qué es acoso escolar en líneas generales, a veces nos cuesta detectarlo, sobre todo cuando va mutando de la mano de las nuevas tecnologías, que vienen a desafiar aquellos conocimientos con los que contábamos para captar las señales “físicas”.

Los vídeos sobre acoso escolar para niños de primaria y secundaria son constantes, explicándoles poco a poco a los más chicos cuáles son los riesgos de comportarse de esta forma e, igual, convivimos con frustraciones que niños y jóvenes absorben y descargan en otros.

Pero si en el mundo de lo físico era posible tomar algunas medidas contra el acoso escolar, como la lejanía entre el victimario y la víctima, cuando ambos están obligados a pertenecer a un espacio virtual las probabilidades de éxito en la prevención se reducen, si bien hay más vigilancia.

Precisamente en este sentido trabaja Aldeas Infantiles SOS, una organización internacional privada que pretende dar soluciones a esta problemática y decir no al acoso escolar, la cual ha elaborado su propia guía para actuar tan pronto se vean los indicios de que podría haber un acoso infantil.

Desde ALDEAS INFANTILES ofrecen, de hecho, varios consejos a tener en cuenta en el hogar, partiendo de configurar las redes sociales en modo privado, para evitar que desconocidos, o conocidos haciéndose pasar por desconocidos, hagan la vida imposible a los pequeños.

Se les debe enseñar, asimismo, cómo hacer un correcto uso de las redes sociales y los navegadores. Nunca tienen que compartir datos personales o información privada, suya ni de su familia, ni mucho menos aceptar como amigos en las distintas plataformas a personas que no conocen o de más edad.

Esto podría parecer una obviedad para quienes tienen un contacto más estrecho con lo virtual. Aldeas Infantiles, por su parte, intenta centrarse en todas esas familias vulnerables, para que comuniquen adecuadamente a sus hijos, y acompañen su desarrollo hasta la autosuficiencia.

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