A tu memoria, querido Miguel

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Viernes, 27 de Septiembre de 2013 23:39

Carta abierta de Higinio Mirón Fernández / He dejado pasar unos días de ex profeso para tratar de asimilar tu viaje, ese largo viaje del que ya nunca retornarás y del que mi ingenuidad aún no llega a comprender tu despedida, esa despedida larga, prolongada, que nunca hubiéramos querido se produjera. Fue nuestra convivencia la que fraguó una amistad que el paso de los tiempos acrecentó y ahora nos ha separado. ¡Qué pena y qué tristeza siento por tu ausencia, Miguel! ¡No me avergüenzan las lágrimas que por ti derramo ni los llantos que profiero! ¡Es la impotencia y la incomprensión de ya no verte más!

Han pasado unos días de tu separación y aun me cuesta comprender que nunca más volvamos a vernos. No me consuela la razón de la vida, esa justificación que todo el mundo aconseja de que la vida sigue. Es cierto, pero no sigue igual, sigue en la incomprensión por la separación de un amigo, de un gran amigo, llena de recuerdos y de tantas horas que hemos vivido y convivido de manera intensa y emocional en los últimos tiempos de tu larga enfermedad, compartiendo, incluso, más penas que alegrías. Encuentro un vacío en mi actividad diaria. Me falta tu presencia física, que no de pensamiento, me falta tu conversación y tu compañía. Me falta el cotidiano diario de nuestras visitas y la llamada telefónica mañanera. Me falta también ese quehacer de media mañana y el vacío de tu acompañamiento a la hora de tomar un café.

Me enorgullece el reconocimiento de cuantos me dan ánimos para sobrellevar ese tu viaje sin retorno, esa nuestra separación, porque comprenden la inquebrantable amistad que nos unía. Tu imagen dolorosa, de sufrimiento interno que pocas veces exteriorizabas, las combatías con gran resignación y el buen humor que siempre te caracterizó y nunca perdiste. Ha sido para mí un honor y una satisfacción estar a tu lado durante tu enfermedad. Me sentía relajado y satisfecho al acompañarte y charlar, intentando, en ocasiones, desvanecer tu angustia y tu dolor. ¡Siempre a tu lado, siempre a tu disposición! ¡Nunca tuve un atisbo de descontento hacia tu persona! ¡Que satisfacción sentía al poder complacerte!.

¡Que buena persona eras, Miguel! ¡Gracias por tu humanidad, por tu generosidad y nobleza, de la que en todo momento diste muestra e imbuiste a cuantos te rodeábamos!

En tu último viaje se cumplió tu voluntad. Como siempre dijiste y eran tus deseos, tus cenizas volaron y se posaron esparcidas sobre las tierras de esta serranía bejarana. ¡Ojalá que sobre ellas germinen y florezcan hombres de tu talla, de tu gallardía, hombres como tu, hombres vigorosos, humanos, solidarios, generosos, honrados!.

¡Hasta siempre, querido Miguel!. Estarás siempre en el recuerdo de tu fraternal y fiel amigo Higinio.